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Es jueves 22 de junio, el reloj marca la 1 del mediodía y el calor mantiene a los parroquianos del Chumy Restaurante -en la esquina de las calles Capitán y Abastos- recogidos en el interior del local. Se abre la puerta y entra una mujer de entre 35 y 40 años, en torno al 1,60 de estatura, figura ancha, media melena morena, aspecto desaliñado y una sorprendente efusividad con el dueño, que en esos momentos atiende el mostrador -y que no la ha visto en su vida-, Juli Iulian.

El respetable acomodado en la barra la mira de refilón, un poco por la particular animosidad que muestra la señora y otro tanto por el tono estridente de su voz, pero tardan poco en volver a lo suyo: a sus conversaciones, a mirar los mensajes de Whatsapp o a ver la tele, al fondo, donde ponen un partido de tenis del torneo de Halle.

Tras un preludio de un par de minutos repleto de frases amistosas por parte de la recién llegada, sobre el tiempo, la familia y lo mal que está España, se produce la siguiente conversación.

Ponme una botellita de agua cariño, que vengo asfixiada.

-Sí, claro. 

-No espera…

-¿Quieres otra cosa?

-Creo que sí guapo, no sé.

-…

-Casi mejor dos Red Bull.

-Marchando.

Juli coge los dos Red Bull y los deja sobre la barra. Ella parece empezar a ponerse nerviosa. Se palpa el cuerpo en lo que podría ser la busca de un monedero que no tiene y acaba pagando con un billete de 50 euros.

El numerito de tocarse todo el cuerpo ha vuelto a llamar la atención de los clientes acodados en la barra que, flanqueando a la paisana por derecha e izquierda y algunos con más disimulo que otros, giran sus cabezas en dirección a la conversación. “Ahí había algo que no cuadraba. Al principio pensé, por las confianzas que se tomaba, que sería amiga de Juli. Luego ya… entre el aspecto que tenía, lo de tocarse el cuerpo rápido en plan raro y pagar con 50 me dio la sensación de que pasaba algo. Fue una de estas situaciones que te llaman la atención y me quedé mirando”, cuenta Álvaro, asiduo al Chumy.

La mujer entrega el billete, con otra perla afectuosa.

-Toma cariño.

“En cuanto lo toqué supe que era falso”, explica Juli Iulian a El Periódico de Aranjuez. “Primero por el tacto y además porque aunque trato con muchísimos clientes todos los días, yo no conocía de nada a la mujer y la forma de actuar no era normal. Esto me hizo estar un poco prevenido”, asegura, para continuar añadiendo que pasó “el billete por la máquina por no decírselo directamente. A la vista estaba muy bien hecho, pero al tacto no tanto”.

-Perdona… pero el billete es falso. 

-¡Ay! No me digas, ¡pero si me lo acaban de dar en una tienda! Espera, que voy al coche y ahora vengo.

Sale del bar rápido y, como suele suceder en estos casos, sin mirar atrás. A esas alturas tanto Juli como Álvaro, Tomás, Susi y el resto de habituales presentes ya sabían que no volvería. El intento de estafa ha sido estos días el chascarrillo más comentado en el local.

Este caso es probablemente muy similar al que tuvo lugar en un comercio de la calle Almíbar el pasado martes. Según hizo público la Policía Local en su parte de incidencias diario, un hombre y una mujer fueron identificados tras pagar, también con un billete de 50 euros falsificado, en una tienda.

Por desgracia, con al menos dos intentos de timo similares, existe la posibilidad de que los delincuentes hayan podido conseguir ‘colar’ alguno de sus billetes falsos y estos viajen ya en la cartera de ciudadanos inocentes.