Cafetería-Restaurante del Polideportivo Agustín Marañón, en Aranjuez. Foto: EPDA.

Doscientos adolescentes se quedaron sin fiesta de fin de año. El establecimiento en el que les habían organizado la celebración, el bar del Polideportivo Agustín Marañón, fue clausurado por la Policía Local por carecer de licencia e incumplir diversos requisitos de seguridad. Los agentes, que acudieron al lugar tras la llamada del padre de un menor, comprobaron que la fiesta era ilegal e insegura, ordenaron el cierre y levantaron acta de los hechos.

Los jóvenes, casi en su totalidad menores de edad y estudiantes de bachillerato de Alpajés, Doménico Scarlatti, Loyola, Santiago y Litterator, esperaban una noche inolvidable pero acabaron en la calle. El grupo más amplio, en torno a 120 chicos, pasó la madrugada haciendo botellón en la esquina de la calle Primavera con Rey, otros se desplazaron a pisos para celebrar el año nuevo y algunos dieron por concluida la velada y volvieron a sus casas. Un desastre.

Miles de euros para una fiesta que no fue

La fiesta nació maldita. Los 200 jóvenes habían pagado a comienzos de diciembre 5.000 euros -25 cada uno que fueron recolectando por grupos hasta sumar el total- para alquilar durante Nochevieja una discoteca. El día 11, el propietario anunció a los adolescentes que había traspasado el local, pero el nuevo dueño estaba valorando la posibilidad de permitirles celebrar allí el fin de año. Cabe destacar en este punto que este establecimiento fue señalado en noviembre, como beneficiado, en una denuncia presentada por varios policías locales en un caso de presunta prevaricación administrativa.

La celebración quedó a expensas del nuevo jefe del local, quien finalmente, el día 14, rechazó acoger el evento. No obstante, el ya exgerente planteó a los adolescentes la posibilidad de organizarla en el bar del Polideportivo Agustín Marañón, con un descuento de 1.000 euros. Los adolescentes aceptaron y, tras recibir la cantidad, repartieron los 5 euros que correspondían a cada uno.

El trato, en la parte material, se mantuvo: acceso exclusivo para los 200 jóvenes, altavoces para poner música mediante Spotify, refrescos, vasos y hielos. Si los chicos querían llevar bebidas alcohólicas, fuera del acuerdo, deberían llevarlas ellos. Algunos escolares con entradas para la fiesta explican que desconocían que pudiera ser ilegal ni que se fuera a sobrepasar el aforo del establecimiento. “¿Nosotros cómo podíamos saber eso?”.

De los 4.000 euros que finalmente costaría la fiesta, 500 iban para material y los restantes 3.500 para el alquiler del bar. La noche de fin de año, tras la aparición de la Policía, un grupo de una decena de adolescentes pudo entrar al recinto para sacar los refrescos y demás enseres. Los 3.500 euros del alquiler, explican los jóvenes, les serán devueltos en los próximos días.

Una concesión pública en proceso de desahucio

El bar del Polideportivo es de propiedad municipal y su gestión se concede a través de concurso público. En junio de 2017, La Junta de Gobierno aprobó la adjudicación de esta cesión por un plazo de un año -7.200 euros-, más uno de posible prórroga.

Desde entonces, el contratista –que no es el organizador de la fiesta juvenil- ha incumplido en repetidas ocasiones las obligaciones de pago recogidas en el contrato, hecho por el que el propio Ayuntamiento le ha abierto un expediente de desahucio, explican fuentes gubernamentales. Por otra parte, según recoge también el contrato, concretamente en su cláusula 26, el espacio no podía ser subcontratado.

Tras la notificación policial de todas las deficiencias e irregularidades que presentaba la fallida celebración adolescente, el departamento de Servicios Técnicos del Área de Urbanismo comenzó ayer martes 2 de enero la tramitación de los expedientes. Diversas fuentes administrativas y policiales consultadas por este periódico califican de muy graves las irregularidades que presentaba el evento y de muy elevadas las cuantías que podría tener que afrontar el organizador.