Ángel, de 91 años, se precipitó por la ventana de la habitación 225 del Hospital del Tajo. Fotos: CEDIDAS.

El pasado sábado, en torno a las 12 de la mañana, Ángel, un anciano de 91 años con demencia senil y brotes de agresividad que vivía en la calle La Sal de Aranjuez, falleció tras precipitarse a la acera desde la habitación 225 del segundo piso del Hospital del Tajo. Su familia ha denunciado los hechos ya que consideran que la muerte podría haberse evitado si el personal del centro lo hubiera vigilado. La investigación está siendo llevada a cabo por la Policía Nacional. “Mi abuelo se tiró por la ventana porque hubo una serie de negligencias médicas”, asegura a El Periódico de Aranjuez Francisco García, nieto del fallecido.

Tras haber sido ingresado dos días antes por un brote de demencia grave, el viernes se resolvió que permaneciera atado por su propia seguridad. “Mi abuelo estaba atado de las manos y la cintura. Alguien tuvo que soltarle porque si no, hubiera tenido que saltar por la ventana con la camilla a cuestas y no fue así. Que alguien lo desató es algo que no pueden negar”, explica el nieto del fallecido.

Ángel, según la autopsia, cayó de pie y a continuación, por la inercia, se volcó hacia adelante sufriendo un golpe en el pecho que le causó un fallo multiorgánico irreversible. Sobre el momento de cuándo y cómo se produjeron estos hechos la familia pone en duda que les hayan dicho la verdad. “Llamaron a mi hermana a las tres menos cuarto de la tarde: ‘Venga con urgencia porque su abuelo se ha tirado por la ventana y está muy grave’. Mi hermana tardó 8 minutos en llegar. Yo tardé 12. Al llegar nos reunimos con personal del hospital y luego pedí ver el cadáver. El cuerpo estaba limpio y sin ninguna gota de sangre. Las horas no cuadran”, detalla Francisco García. Y añade: “Cuando la Policía Científica subió a la habitación ya la habían limpiado y habían quitado los objetos personales. Incluso habían movido el sofá de sitio, que cuando sucedió estaba debajo de la ventana”.

“Mi abuelo no distinguía el bien del mal, creía que le querían matar, que le iban a pegar dos tiros e incluso que queríamos envenenarle. Le ingresamos porque se encontraba en un estado en el que no podía estar sin vigilancia en ningún momento”, narra Francisco, quien señala que “la asistenta social nos dijo que cuando saliera del hospital no podría ir a una residencia de ancianos porque en su estado no se podrían hacer cargo. Necesitaba ir a un sitio con medidas de seguridad y especialistas adecuados. Se decidió que se quedara en el hospital porque estaría siempre vigilado”.

Durante este fin de semana efectivos de las brigadas de Policía Científica y Policía Judicial de la Comisaría de Aranjuez se personaron en el Hospital del Tajo para investigar cómo se produjeron los hechos y tomar declaraciones a los testigos.

Este diario se ha puesto en contacto con la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid para conocer la versión oficial del suceso, pero desde la institución han preferido no hacer valoraciones sobre los hechos por estar judicializados.