Leticia Mora Monedero, una ribereña en Maldivas.

Leticia Mora Monedero (27) vive en uno de los lugares más paradisíacos del planeta: las islas Maldivas. A pesar de su juventud se desempeña como jefa de obra en 22 proyectos urbanísticos y ha participado en la construcción de instalaciones tan dispares como un restaurante submarino o la ampliación de una pista de aterrizaje.

Hablamos con ella sobre las circunstancias que la llevaron al país, los pros y los contras de vivir en Maldivas y la experiencia de residir en una isla de película con solo un kilómetro y medio de perímetro.

P: ¿Cómo llega una ribereña a las islas Maldivas?

R: Todo comenzó hace unos 5 años cuando en la Escuela de Arquitectura Técnica de Madrid me concedieron la beca Erasmus a Horsens, Dinamarca.

El país me gustó tanto que decidí quedarme y hacer el grado de ingeniería civil, para terminarlo y que me concedieran el título tenía que hacer unas prácticas de empresa.

Después de 6 duros meses buscando prácticas, de trabajos temporales para mantenerme y mis padres queriendo que volviera a casa, me contestaron de una solicitud donde podían mandarme a Noruega, Qatar o Maldivas.

En un principio me decanté por Qatar, mis padres por Noruega y finalmente las prácticas eran en Maldivas.

En los primeros correos que intercambié con el director en Maldivas, me lo puso todo negrísimo, no habría Internet por lo que las comunicaciones con el exterior serían muy complicadas, viviría en un contenedor, esos que ves en los puertos comerciales, en una isla desierta, las temperaturas serían muy elevadas… Lo único que tenía en mente en esos momentos era terminar mis prácticas y la carrera, por lo que sin pensármelo dos veces y sin buscar mucha información acerca del país le dije que contara conmigo.

Las 20 semanas de prácticas se convirtieron en 6 meses, después de esos 6 meses de prácticas me ofrecieron 1 año de contrato como ingeniera y hace algunos meses ese año se convirtió en otros 2 más.

P: Maldivas es conocido por ser un destino turístico paradisíaco, ¿qué puedes contarnos sobre el país?

R: Está compuesto por una gran cantidad de islas alrededor de 1.200 de las cuales unas 200 están habitadas y 100 son complejos hoteleros. Malé es la capital y es todo lo contrario a la idea de Maldivas que uno pueda tener. Toda la ciudad está asfaltada, hay edificios de hasta 15 plantas y es un peligro circular por las calles debido a la cantidad de scooters y motos.

Si nos alejamos un poco de Male y por poner un ejemplo nos trasladamos al norte, a unos de sus atolones Lhaviani, en concreto a uno de estos complejos hoteleros donde viví durante 6 meses, encuentras esas playas e islas paradisiacas que todo el mundo tiene en mente.

Playas de arena blanca, aguas cristalinas, palmeras que parecen tocar el cielo y tumbonas bajo su sombra, en las que hay que tener especial cuidado que los cocos no te jueguen una mala pasada.

P: Hablabas de que Maldivas es un país compuesto de 1.200 islas ¿Cómo son la ciudad y la isla en la que vives? 

R: La verdad y aunque parezca sorprendente, la isla donde vivo no es ni una ciudad, anteriormente al tsunami de 2004 sí que vivía gente pero después de que la isla quedara totalmente sumergida bajo el agua la población se marchó.

La isla se llama Madifushi y no estaba habitada hasta que llegamos nosotros, si la bordeamos son 1,5 km por lo que no deja espacio para mucha actividad pero sí relajación los días libres.

En la isla vivimos alrededor de 300 personas y todas pertenecientes al proyecto, hay una amplia variedad de nacionalidades Bangladesh, Maldivas, Sri Lanka, India, Filipinas, Dinamarca y España.

Isla de Madifushi.

P: ¿Cómo es tu vida allí?

R: Mi vida es bastante sencilla debido a mi ubicación. Aunque es un país musulmán y no están muy acostumbrados a tener mujeres en altos cargos, no he tenido muchos problemas. Siempre hay casos aislados pero la verdad es que la gente es muy amable y agradable.

Trabajo de 7:00 a 20:00 de sábado a jueves y en algunas de las escapadas que hacemos mis compañeros y yo vamos a algún resort para desconectar.

Durante la época que viví en uno de los resorts mi vida era un poco diferente a la actual, yo diría que fui muy afortunada pudiendo disfrutar del hotel como un turista más, 6 meses viviendo en un resort en Maldivas, así que la que vivo ahora es otra experiencia que se suma a las anteriores.

Leticia, durante su estancia en Kuredu Island Resort, con sus amigas Mila y Polina.

Actualmente, los viernes que tengo un poco libre, me dedico a hacer ejercicio, correr alrededor de la isla, kayaking, snorkeling, leer libros, escuchar música u organizar algún evento con los trabajadores. El cricket, fútbol, bádminton y voleibol son los más demandados, hacemos competiciones entre las diferentes nacionalidades, las islas vecinas y la verdad es que está bastante divertido.

P: ¿Qué haces en tu trabajo?

R: La verdad es que durante los casi 3 años que llevo en Maldivas, he tenido la suerte de experimentar y poner en prácticas muchos de los conocimientos adquiridos en la universidad. Mis jefes me han dado mucha responsabilidad y no ha sido fácil, pero estoy muy agradecida porque me ha ayudado a crecer como persona y como profesional.

Mi primer proyecto en Maldivas consistió en la construcción de habitaciones, restaurantes, piscinas y SPA sobre el agua de un complejo hotelero. En esos momentos realizaba mis prácticas como ingeniera para terminar el grado en Dinamarca y la experiencia fue magnífica, justo antes de terminar las prácticas me dejaron como encargada del restaurante bajo el agua y hasta ahora ha sido la mejor experiencia por ser totalmente diferente.

Un día de trabajo en la obra.

Toda la planificación para la llegada del restaurante, el barco de mercancías enviado desde Nueva Zelanda, sumergir el restaurante, hormigonar bajo el agua y finalmente ver el resultado final ha sido maravilloso. He visto fotos de este restaurante en muchas agencias de viajes, portadas de revistas en Maldivas y la verdad es que me siento muy orgullosa de haber tenido la oportunidad de participar en ello.

Posteriormente trabajé en la ampliación de una pista de aterrizaje creando el segundo aeropuerto internacional al sur de Maldivas, Gan International Airport. Este ha sido hasta ahora el proyecto más duro debido a los horarios y la cantidad de horas extra que tuvimos que realizar para terminar en el marco establecido. Además fue mi primera experiencia trabajando durante el mes de Ramadán, los musulmanes no comen ni beben nada durante el día o al menos no está permitido, por lo que tuvimos que trabajar principalmente de noche y reducir las horas durante el día al mínimo.

Llegada del restaurante al resort.

En estos momentos estoy como jefa de obra construyendo 22 edificios donde se incluyen edificios de viviendas e instalaciones para el funcionamiento del complejo hotelero como lavandería, central eléctrica, etc. Digamos que esta parte sería todo lo que los turistas no ven cuando visitan los resort.

Es mi primera experiencia como jefa de obra y la verdad, aunque diariamente hay nuevos retos que superar, la vez la satisfacción personal que te envuelve al ver los resultados hace que merezca la pena todo el esfuerzo.

P: ¿Cómo son los maldivos?

R: Mi primera impresión fue bastante buena, es gente muy amable, creativa y están dispuestos a ayudarte en todo lo que puedan. Después de todo este tiempo, como podría pasar en cualquier otro país he tenido alguna experiencia no muy agradable pero no por ello mi impresión a cerca de la población ha cambiado.

Un aspecto bastante importante en su vida diaria es la religión, dependiendo de la zona y de la familia esta está más o menos arraigada, la mayoría de las mujeres suelen llevar el tradicional hijab en público pero debido, creo, a la influencia internacional en la capital esta prenda es menos frecuente.

Madifushi fútbol club.

P: ¿Qué es lo que más te gusta de tu vida allí?

R: La verdad es que es difícil decidirse por una cosa es particular, los amaneceres/atardeceres son increíbles cuando las nubes desaparecen. Es bastante impresionante ver el mar totalmente en calma como si de un lago se trátese y la vida submarina, peces, corales, tiburones no te dejan indiferente. La calma que se respira es increíble.

Por otro lado también destacar las tormentas tropicales que he experimentado, con lluvias torrenciales y palmeras cayendo como si de palillos se tratase por la fuerza del viento.

Tortuga en el Océano Índico.

En lo que se refiere a experiencia laboral tampoco puedo quejarme porque he tenido oportunidades estupendas y mis jefes me han dado muchísimas responsabilidades, la que más disfruté fue el hormigonado de un restaurante bajo el agua por ser una experiencia totalmente nueva para mí.

P: ¿Tiene algún pero vivir en el paraíso?

R: Yo diría que lo más complicado a nivel personal es la soledad, la distancia que existe entre tus seres queridos y tú.

Las redes sociales y aplicaciones ayudan mucho en este aspecto pero se pierden relaciones, acontecimientos y momentos que ya no vuelven.

Del país, lo que menos me gusta es lo poco concienciados que están sobre reciclaje, no se preocupan de la maravilla que tienen y la naturaleza se resiente. Cuando navegas, puedes ver montones de botellas, bolsas de plástico y demás basura que es arrojada al océano; para ellos es algo normal, porque han sido educados así y nadie les ha enseñado a guardarse un simple papel en el bolsillo en vez de tirarlo al suelo, pero cada vez que veo a alguien arrojando bolsas de plástico o botellas al agua no puedo remediar ese mal estar y a la vez sentimiento de impotencia que me invade. En el último año ha empezado a poner papeleras en las calles y multas pero hay un largo camino para solventar el problema.

P: ¿Qué echas de menos de Aranjuez?

R: Lo que más echo de menos de Aranjuez es mi familia y amigos, crecí allí y durante 22 años fue mi casa. Pasear por los jardines, visitar palacio, las largas noches de verano conversando en un algún banco y sentarnos en las terrazas de los bares como si las horas no pasasen.

Los años sin embargo pasan y nos hacemos mayores por lo que Aranjuez se queda pequeño para todo lo que hay fuera y las experiencias que en mi caso quiero vivir.

En un futuro la verdad es que no me importaría volver a Aranjuez, es un pueblo bastante tranquilo y bonito pero por ahora me llama más la aventura y la experiencia de trabajar y vivir en un país donde tu lengua materna no es la oficial y te obliga a buscar otros medios y formas de entenderte y comunicarte.