Roberto Moraga, un ribereño en Houston.

Houston es la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos y la mayor del estado de Texas. Aglutina más de 2,3 millones de personas y una de ellas es el ribereño Roberto Moraga.

Nuestro protagonista de hoy es el pequeño de cinco hermanos y fue alumno del colegio Apóstol Santiago antes de comenzar sus estudios de Arquitectura en la Universidad Politécnica. Desde 2016 vive en Houston con su esposa y su gato.

Roberto es una persona polifacética. Es arquitecto pero también ha trabajado como profesor particular, agente de seguros, fotógrafo de bodas, monitor de eventos, diseñador gráfico, cocinero privado y sushiman. Empleo, este último, que le llevó a vivir en Ibiza. “Siempre me había gustado mucho la cocina japonesa, que conocí a través del manga. Hace unos años me entró la curiosidad por aprender lo básico, pero nunca he sido de quedarme en la superficie, así que entre unas cosas y otras acabé trabajando de ello”, nos explica.

Hablamos con él sobre su vida allí, las diferencias culturales, el deporte americano y, cómo no, de Donald Trump.

Pregunta: ¿Por qué te fuiste a vivir a Houston?

Respuesta: Cuando por aquel entonces mi novia Elena, ahora esposa, me habló del programa de profesores visitantes, yo no tenía mucha fe en el tema, pero bueno, probamos suerte. Ambos estábamos en un trabajo que no nos convencía, sin vistas de que fuera a cambiar. Además, teníamos unos amigos viviendo en Dallas que nos habían hablado muy bien de la experiencia y que nos ayudaron muchísimo.

Acabar en Houston fue fruto de la casualidad, como profesor visitante sólo puedes optar al Estado y Texas es uno estado con muchas oportunidades. A partir de esa elección ya puede tocarte cualquier ciudad, nos sentimos bastante afortunados por el resultado.

P: ¿Qué puedes contarnos sobre la ciudad?

R: Houston es un monstruo de asfalto, hormigón, rascacielos y casitas, la generación de la ciudad es por expansión con baja densidad, lo que hace que las distancias sean tremendas dentro de ella. Para hacernos una idea, puedes tardar 90 minutos en atravesarla de este a oeste, teniendo suerte con el tráfico. Así que si en general en Estados Unidos, necesitas coche, aquí se convierte en tus piernas.

Con respecto a la gente, es una ciudad en crecimiento, muy cosmopolita. Sólo en restaurantes hay representación de más de 70 países diferentes. A su vez, gran parte del capital estadounidense también se encuentra aquí y mucha culpa de ello es del petróleo.

P: ¿Se nota un choque cultural? ¿En qué crees que son los texanos más diferentes de los españoles?

R: Se nota. Esto es América, un país tamaño continente. Sólo Texas es más grande que España y es, por lo general, un estado conservador muy amigo de que para defender la libertad del individuo, lo mejor son las armas. Quizá lo más diferente es el individualismo, aquí es yo primero y después yo, aunque luego conoces a la gente y son bastante cercanos y hospitalarios.

 

P: ¿Qué tal es la vida allí?

R: Me siento muy afortunado. El clima es agradable, el verano es duro, pero el resto del año es muy suave. La gente es muy hospitalaria y abierta, raro es el día que sólo por hablar español no conoces a alguien. Cierto es que los primeros meses fueron difíciles: la adaptación a la cultura, el coche, el papeleo, pero ahora mismo estamos donde queremos. Al margen de mis labores como amo de casa y mis proyectos de arquitecto autónomo, el resto del tiempo lo empleo en planes culturales, haciendo deporte o viajando por el país, una oportunidad envidiable.

P: Con la llegada al Gobierno de Trump se ha hablado mucho de la construcción del muro con México. Siendo Texas estado fronterizo ¿Se habla de esto? ¿Qué opinión tiene la gente?

R: Aquí hay una inmigración impresionante, ilegal también. Gente que vino buscando un lugar mejor donde vivir, huyendo de la miseria de sus países. Así que, con el paso de los años, se ha formado un entramado “ilegal” imposible de desligar de la sociedad. Trump ha dado alas a la parte más radical y xenófoba de la sociedad, el odio institucional sólo genera más división.

P: ¿Tú cómo lo ves?

R: Pienso que a la sociedad americana esto el va a venir bien para no repetir los mismos errores en próximas campañas. Aunque bueno, quién sabe, viendo lo que ha pasado en España.

Roberto y Elena, junto a dos amigos en Houston.

 

P: Un rasgo muy distintivo en muchas ciudades americanas es la pasión por sus equipos deportivos. ¿Ya eres fan de alguno?

R: Son muy fans en general de todos los deportes y si les falta alguno, se lo inventan. Hay pantallas gigantes con múltiples eventos en cada esquina y cuando juegan los locales siempre lanzan promociones, hay que consumir. En muchas ocasiones, es más importante lo que se genera alrededor del partido que el propio espectáculo en sí mismo. Yo con seguir al Madrid desde la distancia tengo suficiente. He intentado béisbol, pero los partidos son soporíferos, la NBA mete emoción en los playoffs, pero para ese momento las entradas ya están por las nubes y al fútbol americano, todavía tengo que darle una oportunidad.

P: ¿Qué es lo que más te gusta?

R: La cantidad de posibilidades que tiene esta ciudad, museos, conciertos, parques, ocio nocturno y diurno, así como la posibilidad de viajar por lugares que jamás hubiera pensado. Es muy fácil escapar de la rutina diaria.

 

P: ¿Y lo que menos?

R: La dependencia del coche, el transporte público es testimonial, así que prácticamente siempre que salgo por la puerta sé que voy a conducir. Por otra parte, tengo la sensación de que el americano medio vive de cara a la galería y eso es algo que llevo un poco mal, me gusta la gente auténtica, que sonríe sin ser una pose.

P: ¿Echas de menos algo de Aranjuez?

R: A la familia, mis padres concretamente son los únicos que viven ya allí, pero la cercanía se siente de todas formas. A mis amigos y esa complicidad que sólo aparece con los más allegados. También echo mucho de menos ir al mercado y comprar buen pescado, aquí eso es bastante más difícil.