Tras colgar las botas al final de la pasada temporada, Manuel Hernández-Sonseca Hervás (31) ha dado el salto a los banquillos en el mismo país en el que jugó sus últimas campañas: Noruega. Actualmente es el segundo entrenador del primer equipo del Raufoss Football, tarea que compagina con la dirección del equipo sub19.

De Aranjuez y conocido futbolísticamente como Manu Hervás, desarrolló la mayor parte de su carrera deportiva fuera de España. Tras pasar por el Sitio, el Áncora y el Real Aranjuez, recaló en los juveniles del Atlético de Madrid, donde llegó a ser convocado con la selección sub19. Jugó un año en el Lanzarote antes de volver a Madrid para jugar en el filial del Getafe, club en el que Michael Laudrup le dio la oportunidad de debutar en la Copa.

De ahí salió de nuestras fronteras para no volver. Dos años con el Admira Wacker de la segunda austriaca, uno con el Zalaegerszeg en la primera de Hungría y cinco más en el fútbol noruego, donde jugó en el Valdres y el Gjøvik Lyn. En este último ya compaginaba ser jugador con labores técnicas.

Tras anunciar su retirada, el Raufoss le ofreció un contrato en su staff y, a pesar de la tentación de volver a casa, optó por permanecer en el país. Recorremos con él su carrera futbolística y aprovechamos para conocer cómo es su vida en Noruega.

Pregunta: Decidiste retirarte como futbolista al terminar la pasada temporada. ¿Cómo ha sido el paso de jugador a entrenador?

Respuesta: Desde hace ya algún tiempo venía barajando esa opción. No ha sido algo que haya decidido de repente, ni que una lesión que me haya obligado a retirarme.

El último año de futbolista fue bastante duro por diferentes circunstancias en el club en el que estaba. Tenía la sensación de que seguir jugando me quitaba más de lo que me daba, y además ya había empezado a llevar un equipo de fútbol base como técnico. Estaba muy motivado para ser entrenador y todo unido me llevó a tomar la decisión.

P: ¿Lo echas de menos?

R: Sí, a veces sí. Te metes en los rondos con los futbolistas y ahí te das cuenta de que lo echas de menos… De todas formas soy consciente de que esa etapa se ha terminado y lo acepto con naturalidad.

P: Aunque sigues en Noruega, con el salto a los banquillos has cambiado de equipo. Del Gjøvik Lyn al Raufoss.

R: Sí, son equipos vecinos. El club en el que estoy ahora tiene más proyección y está más profesionalizado. Cuando anuncié que me retiraba, el Raufoss me hizo una oferta para ser parte de su cuerpo técnico y acepté.

Tenían referencias de mí de haber jugado contra ellos y porque, al ser un equipo de la misma región, en el mundo del fútbol más o menos aquí se conoce a la gente.

Hervás se enfrentó a su actual club cuando militaba en el Gjøvik.

P: Antes de anunciar tu retirada ¿tenías claro que querías quedarte en Noruega o te planteaste volver a España?

R: No lo tenía claro. Llevo ocho años en el extranjero ya y quería saber qué opciones tenía. Me interesé un poco por saber cómo estaba el mercado en España. Pregunté en los clubes en los que había jugado cómo estaba la situación para ser entrador allí.

Cuando anuncié mi retirada tuve cuatro o cinco ofertas de clubs de aquí de Noruega. Algo que no me esperaba. Me atraía volver a España a nivel personal porque llevo ya muchos años fuera y por mi familia, pero siendo sincero mis opciones aquí eran mejores. En términos profesionales y económicos la diferencia era abismal. Tanto que tampoco te da para pensártelo mucho.

P: ¿Cuáles fueron los primeros equipos en los que jugaste?

R: Empecé en mi colegio, en San Isidro. De ahí pasé al Sitio de Aranjuez donde estuve dos o tres temporadas. Luego estuve en el Áncora, que entonces era filial del Real Aranjuez. Ahí empecé a entrenar con la primera plantilla y poco después debuté con el primer equipo.

P: Siendo todavía adolescente te fichó el Atlético de Madrid.

R: Sí, con 16 años ya tenía contrato con el primer equipo del Aranjuez y tuve ofertas del Madrid y del Atleti. Al final acabé en el Atlético y fue un sueño hecho realidad.

Manu y Fernando Torres, durante un entrenamiento del Atlético de Madrid.

P: ¿Cuáles fueron tus mejores momentos en el club?

R: Hubo muchos. Fuimos campeones de División de Honor con el Juvenil A, que teníamos un equipazo. Llegué a ser internacional con España sub-19, que para mí fue espectacular.

Normalmente los jugadores internacionales son gente que lleva un recorrido en sus clubs, donde a lo mejor han empezado a jugar a los 10 o 12 años. Yo llegué bastante tarde. Que me llamaran a la selección fue algo muy grande. En aquel equipo estaban Silva, Raúl García, Kiko Casilla o Mario Suárez.

Todo fue muy bonito. El fax que llega al club anunciando que estás convocado; ir a la ciudad deportiva de Las Rozas; compartir las concentraciones con los compañeros; todo aquello son recuerdos buenísimos.

También fui a varios entrenos con el primer equipo y compartí vestuario con gente como Torres, Molinero que es de Aranjuez también, Ibagaza… Y muchos otros grandes jugadores de los que aprendí mucho.

P: Del Atleti saliste para ir a jugar al Lanzarote a 2ªB ¿Cómo se dio que fueras allí y qué tal la experiencia?

R: Mi último año en el Atlético jugaba en el filial, en el Atleti B. Tuve una lesión de rodilla y tuvieron que operarme del menisco. Y por otra parte, el club experimentó una metamorfosis y hubo muchos cambios en la dirección deportiva.

Visto con retrospectiva, la pirámide se estrecha tanto que no caben todos. Ese es el momento de saltar al primer equipo y jugar en primera o salir.

De las opciones que yo tenía, que eran varias en 2ªB, fue la de Lanzarote la que cogí. Tenía ganas también de vivir una experiencia e irme a vivir solo.

Ahí fue cuando empecé a vivir lo que de verdad es el fútbol profesional. En el Atleti, como en el fútbol base de cualquier club grande, es todo como un sueño. Pero en Lanzarote viví por primera vez lo que es jugar con gente que lo da todo porque tiene ganarse el sueldo para poner comida en la mesa de su familia.

P: Tras una temporada en la isla, volviste a Madrid para jugar en el Getafe.

R: Me llamaron del Getafe y para mí fue como volver a tener la oportunidad que tuve en el Atleti de subirme a la rueda grande. El club me ofreció hacer la pretemporada con el primer equipo, que entonces dirigía Laudrup, y jugar con el filial.

Jugué dos años y fueron muy positivos. Llegué a debutar con el primer equipo y estuve en varias convocatorias en primera.

P: Al acabar esta etapa es cuando arranca tu periplo internacional yendo a jugar a Austria. ¿Por qué decidiste salir del país y por qué a Austria?

R: El último año en Getafe yo ya veía que no me iban a ofrecer un contrato del primer equipo. Es verdad que entrenaba mucho con ellos, pero ese último paso es complicado.

Mis opciones eran seguir en España jugando en 2ªB o irme al extranjero, que era lo que más me apetecía. A través de un representante canario que lleva jugadores a Austria me salió la oportunidad de ir a jugar al Admira, un club histórico que estaba en segunda y con el que ascendimos a primera.

Al acabar mi segunda temporada allí no llegamos a un acuerdo para renovar y me fui a Hungría.

Con el Admira austriaco consiguió el campeonato de la segunda división del país.

P: ¿Cómo fue ese fichaje por el Zalaegerszeg y qué puedes contarnos de tu año allí?

R: Un representante iraní que conocí en Viena fue el que lo movió todo. Aunque es otro país, de Viena a la ciudad de mi nuevo equipo había dos horas y media de coche.

Era un club bastante bueno. Los años anteriores había jugado previas de Europa League y confiaba en poder explotar allí. Firmé tres años. Luego, en el club tuvimos problemas de pagos y además si el equipo perdía, el presidente armaba unos circos tremendos.

En una ocasión, después de que el equipo tuviera una mala racha en la que perdimos 4 o 5 partidos seguidos, el presidente me dijo que me iba a mandar a jugar a Vietnam. Decía que le había llegado una oferta por mí de un club de Hanoi.

No pasaban dos días sin que hubiera algún lío. No podías dejarte ver por la calle porque la gente se lo decía al presidente.

P: ¿El presidente era el Ruiz de Lopera de Hungría?

R: Sí, totalmente. Lo peor era que además era mi vecino porque vivía enfrente (risas).

El vestuario también era un caos porque había muchísimas nacionalidades. Había húngaros, serbios, croatas, macedonios, un chico de Gabón, un letón, un holandés, un español que era yo… Teníamos un problema de comunicación inmenso.

Aquello era como el teléfono escacharrado. El míster hablaba en húngaro y había un traductor al inglés, pero no todos hablaban inglés. A lo mejor el serbio le tenía que traducir al croata, pero entre ellos tampoco se comunicaban bien del todo porque sus idiomas se parecen pero no son el mismo. Un desastre.

Fue un año duro y aunque tenía dos años más de contrato perdoné todo al club y decidí marcharme.

Hervás, jugando con el Zalaegerszeg en la primera división de Hungría.

P: En estos últimos traspasos has hablado de representantes. ¿Cómo funciona ese mundillo?

R: En el fútbol profesional el representante es una figura importante, aunque es un poco como una jungla. Hay muchos representantes y muchísimos futbolistas deseando recibir una oportunidad.

Normalmente como futbolista firmas con un representante que se encarga de moverte en los lugares que hayas acordado con él.  Ellos tienen contactos con los clubes y así es como se hacen las operaciones, siempre vía agente. Muy rara vez un jugador va a un equipo sin que un agente esté metido de por medio.

Lo ideal sería que el jugador pudiera participar. Cuando hay una negociación con un representante, éste obviamente tiene que mirar por su lado porque quiere sacar un porcentaje, ya que tiene que vivir de esto, y a veces se perjudica al futbolista.

Por otra parte, también es verdad que sin los representantes no se llega a muchos clubes. Es complicado, pero es una figura necesaria en el mundo del fútbol.

P: Has estado en muchos equipos y en varios países. ¿Alguna vez te has sentido como mercancía o has visto que otros compañeros estaban en esa situación? Es algo que se dice que sucede en ocasiones en el caso de chicos africanos que vienen a jugar a Europa.

R: El fútbol profesional es un negocio que mueve muchísimo dinero y en el que, aunque el futbolista es la pieza central, hay mucha gente que quiere conseguir su trozo del pastel.

Al final el futbolista es quien tiene la última palabra y la llave para decidir en última instancia su futuro, pero es verdad que jugadores poco formados, como la mayoría de los chicos africanos que vienen a jugar a Europa, pueden encontrarse en situaciones en las que tienen que tomar decisiones para las que no están preparados.

Cuanto más preparado esté un jugador más difícil es que esto suceda.

P: ¿Has visto algún caso concreto?

R: Sí. En lado positivo estuve en el Getafe con (Ikechukwu) Uche, que ha acabado haciendo una muy buena carrera. Los Uche son dos hermanos que vinieron a jugar a España y dieron mil vueltas, pero acabaron jugando los dos en primera.

La otra cara la vi una vez cuando estuve en Israel probando con el Maccabi de Tel-Aviv. Ahí coincidí con un chico africano que estaba pasando una situación difícil. Había estado en muchos equipos y no le habían ofrecido ningún contrato. No tenía mucho dinero para sobrevivir y no veía la luz.

P: Volviendo a tu salida de Hungría. Ahí es cuando pones rumbo, hace ya cinco años, a Noruega.

R: En ese momento estuve bastante cerca de volver a España porque tenía un par de ofertas, pero me llamó un representante para venir a jugar a Noruega. No sé por qué siempre me he sentido atraído por la mentalidad escandinava y acepté.

A priori, en el plano futbolístico, pasar de jugar en primera en Hungría a la segunda división noruega, que era donde jugaba este equipo, no era el mejor movimiento, pero me la jugué apostando por el lugar a donde iba. Me hacía ilusión jugar y vivir aquí y por eso tomé la decisión.

P: Jugaste en el Valdres y en Gjøvik Lyn como jugador y ahora estás en el Raufoss como entrenador. La experiencia debe ser muy buena cuando llevas tanto tiempo.

R: Llevo cinco años y estoy contento. La gente me valora y esto es algo muy importante para mí.  He comprado aquí una casa y ya estoy asentado. No quiere decir que vaya a estar aquí toda la vida, pero me sería muy difícil marcharme por lo que la gente me hace sentir.

P: ¿Qué diferencias encuentras entre la vida en España y en Noruega?

R: El clima condiciona mucho. Cada cultura y cada país están marcados por las condiciones climatológicas. Aquí el inverno es duro y eso hace que la gente pase mucho tiempo en casa.

La gente en general es más reservada pero cuando pasa un tiempo no es difícil entablar relaciones y hacer amigos.

A nivel laboral, la mayoría de la gente aquí termina su jornada a las tres. Se prima mucho el bienestar del ciudadano y se respeta su tiempo. No hay una cultura de demasiada competitividad. La gente vive bien y tiene buenos sueldos. Además el Estado da muchas ayudas para que a nadie le falte de nada.

Manu Hervás jugó en el Gjøvik sus tres últimas temporadas como profesional.

P: Noruega es uno de los países del mundo con mayor renta per cápita [70.665 $ en 2017, según el FMI]. ¿Se nota que el nivel de vida es tan alto?

R: Sí, se nota. En términos económicos y de bienestar los estándares son muy altos.

P: El país celebra casi más que el día nacional, el día que encontraron las reservas de petróleo.

R: La historia cuenta que Noruega era un país pobre en el que los medios de vida eran la agricultura y la pesca. Descubrieron petróleo y esto los convirtió en uno de los países más ricos del mundo.

Muestra de su inteligencia y de su capacidad para haber sabido gestionar esto es que no ves mucha ostentación. Aquí la gente vive muy bien y tiene todo lo que necesita, pero no se exhibe.

P: ¿Cómo te comunicas con la gente? ¿Hablas noruego?

R: Hablo noruego, hace un par de años que ya lo hablo bastante fluido. Aprendí alemán en Austria y tienen bastantes palabras parecidas, pero creo que el noruego es un poco más fácil que el alemán.

P: ¿Cuáles son tus horarios pongamos un martes cualquiera?

R: Todas las semanas diseñamos el plan de entrenamiento para el primer equipo. Un martes si entrenamos doble sesión, la primera la hacemos a las 9. Cuando acabamos, voy al club. Allí tenemos un despacho y trabajo en las facetas de las que me encargo: el análisis de los rivales, el trabajo defensivo y el balón parado.

Esa parte de la mañana, compagino esto con tareas que pueda tener en el sub19. Por la tarde, entrenamos con el primer equipo normalmente a las 3 y con el sub19 a las 4:30. A las 6 termino.

Ahí es cuando me voy ya para casa. Si estoy cansado ya me quedo y si no, salgo a cenar con amigos. Varía según el día.

P: Como entrenador ¿cuál es tu apuesta futbolística? 

R: Yo creo que lo que has sido como futbolista lo intentas plasmar como entrenador. Yo he sido un jugador técnicamente bueno y me ha gustado siempre el buen trato del balón.

Ahora mismo creo que tengo un grado muy alto de humildad y paciencia en lo que hago. En mi carrera como entrenador quiero tener la paciencia que quizá no tuve como futbolista. No fui paciente, por ejemplo en el Atlético de Madrid, para aguantar y esperar la oportunidad que te llega si trabajas duro.

Tengo mi filosofía pero estoy abierto a aprender y a escuchar. Me gusta el fútbol combinativo y quiero jugar hacia adelante, pero sin correr riesgos ni regalar la pelota. Y en términos defensivos, presionar muy arriba. Lo que pasa es que esto que digo es muy bonito, pero luego hay que ajustarlo en función de los futbolistas que tienes, del contrario y de muchos otros factores.

P: ¿Has tenido que sacarte algún título para poder ejercer?

R: Me he sacado los niveles UEFA C y UEFA B. Y ahora mismo estoy cursando el nivel UEFA A de entrenador por la Federación Noruega de Fútbol. Para sacarse este título, al menos en Noruega, hay que pasar una selección que hace la Federación. De 150 que nos presentamos nos escogieron a 32.

P: ¿Cómo funciona el estudio de una titulación de este tipo?

R: El que estoy haciendo ahora es un curso que dura de junio a marzo. En junio nos concentraron una semana en un hotel y tuvimos entrenamientos prácticos y teoría. Luego, en verano, viene tu tutor a tu club a visitarte. Graban los entrenos, los partidos y las charlas para analizarlos después.

En septiembre estuvimos otra semana en Trondheim, visitando al Roseborg, haciendo cosas en la misma línea que la primera semana.

Ahora, en la fase en la que estoy, lo que tenemos que hacer es un trabajo escrito de 50 páginas sobre un tema a tu elección. Yo lo estoy haciendo sobre el liderazgo, y para esto voy a ir a visitar a algunos entrenadores por Europa.

Manu Hervás (a la izquieda) en la foto oficial del primer equipo del Raufoss Football.

P: Al igual que ha sido tu caso, que has desarrollado la mayor parte de tu carrera jugando fuera de España, cada vez es más frecuente ver a jugadores de nuestro país en ligas de todo el mundo. ¿A qué crees que se debe?

R: El futbolista español está muy cotizado. Los éxitos de la Selección Española, del Barça y del Madrid han favorecido mucho la figura del futbolista español. Si un director deportivo tiene cinco currículos: de un español, un ruso, un nigeriano, un estadounidense y un chino, lo normal es que del español tenga una visión preferente. Obviamente, luego el futbolista puede ser bueno y dar la talla o no, pero que el fútbol español esté tan valorado siempre va a ser beneficioso.

Para los futbolistas, además, la posibilidad de salir y tener esta experiencia creo que es algo muy bueno.

P: ¿Qué echas de menos de Aranjuez?

R: A mi familia, que no les veo ni 10 días al año. Esto es un precio bastante alto que uno tiene pagar por estar fuera. Echo de menos también a mis amigos y la comida.

Vivir en el extranjero y además de lo que a uno le gusta es bonito, pero no un cuento de hadas. Hay que apretar los dientes y superar muchas situaciones. A veces tienes nostalgia y por eso cada vez que voy a Aranjuez intento aprovechar mucho el tiempo. Siento que cada vez que voy me sirve para recargar las pilas.