Estuvieron presentes en el acto, además de altos cargos de Patrimonio, miembros del equipo de Gobierno (PSOE), del Partido Popular, Acipa y Ciudadanos.

El presidente de Patrimonio, Alfredo Pérez de Armiñán y de la Serna, y el alcalde de Aranjuez en funciones, David Estrada, han presentado este viernes la restauración de la fuente de la Mariblanca, uno de los monumentos más destacados de la ciudad. Tras dos años y medio de trabajos de conservación el conjunto escultórico ya luce en todo su esplendor, y se espera que desde esta noche luzca iluminado.

Pérez de Armiñán ha destacado la importancia de Aranjuez calificando de “prioritario” el conjunto monumental e histórico emplazado en el municipio. “Nuestra colaboración con el Ayuntamiento para preservar el patrimonio del Real Sitio de Aranjuez es absoluta”, ha declarado el máximo responsable del organismo estatal.

Por su parte, David Estrada, que presidía el acto en sustitución de Cristina Moreno, ha resaltado “las buenas relaciones” y “la coordinación” entre Patrimonio y el Ayuntamiento de Aranjuez.

Tanto el político como el representante del organismo de conservación público han quitado hierro a la reciente polémica sobre el emplazamiento de las Fiestas de San Fernando, que en lugar de en la Plaza de San Antonio se celebrarán en la Plaza de Parejas. Ambos han coincidido en los aspectos positivos tanto para la ciudad como para el patrimonio histórico de trasladar, lo más pronto posible, el recinto ferial al Raso de la Estrella.

El proceso de rehabilitación

Patrimonio Nacional ha invertido 323.000 euros en el proceso de restauración de la Fuente de la Mariblanca. Las obras, que comenzaron a finales de 2014 han cubierto la rehabilitación del conjunto escultórico y han renovado la instalación hidráulica de la fuente. El resultado es a todas luces extraordinario.

La fuente, desde su creación por el arquitecto Santiago Bonovia en 1750, ha sido sufrido variaciones conceptuales en diversos momentos. La mayor, y a la que responde la forma actual, fue la que ejecutó Isidro González Blazquez en 1831, en cuyo trabajo se han basado los restauradores para esta última rehabilitación.